Un día para recordar

Domingo, 4 de la mañana, suena el despertador, en modo automático lo apago y pienso: ¿porque puse el despertador a esta hora? ¿Porque me tengo que levantar? Es domingo, es el día mundial de levantarse tarde, es el séptimo día, el día que el ser supremo nos dio para descansar. Sin embargo, en ese momento me doy cuenta que no tengo control de mi cuerpo, que se está gobernando solo, mientras que esa vocecita interna me dice: “quédate dormido como todo el mundo”, pero no, el cuerpo no oye razones. Me levanto y reproduzco el DVD de yoga para corredores. Y de inmediato mi cuerpo inicia la sesión de estiramientos. ¿Pero que estoy haciendo? Me pregunto internamente, si a mí ni me gusta el yoga. Es mas no se siquiera si es correcto decir: “me puse a hacer yoga, ¿así se dirá? Ni se cómo se dice”. Volteo a mis alrededores y no reconozco nada, no es mi cama, no es mi baño, no son mis muebles, es mas no es mi casa. Me dirijo a una mesita donde veo que hay un bote de vaselin...